
Internet se resume en una palabra, información, en un minuto se realizan millones de consultas a nivel mundial.
Después de palabras como sexo, música, Internet o gratis destaca la búsqueda de frases que incluyen la palabra inglesa crack la cual hace referencia a romper la seguridad de algo.
En YouTube, por ejemplo, el video titulado ‘How to crack a master lock’ (como abrir un candado) tiene más de un millón de visitas.
En este sitio podemos ver la manera de abrir un coche con una moneda, con un cordón, robar dinero de las máquinas de Pinball, de las cabinas telefónicas, máquinas expendedoras de refrescos, dulces, etc.
Este tipo de contenidos y la popularidad que tienen entre los usuarios “describen esa necesidad de obtener algo …..lo que sea….. cualquier cosa que signifique robarle algo a los poderosos, a los dueños del capital” comenta entre risas escritas vía mail, la siquiatra y sicoanalista Maria Guadalupe Soberón, miembro de la Asociación Psique y Cultura.
Soberón explica que las personas que ven este tipo de contenidos, sobre todo los “materiales más bobos” y que enseñan a obtener ganancias diminutas pueden escalar el gusto por lo ilícito en el usuario hasta desencadenar conductas realmente sociópatas.
La psiquiatra explica que hay casos en los que estos contenidos fomentan la creatividad de individuos que luego las canalizan en cosas más edificantes y productivas “algunos se convierten en científicos, o hackaltivistas” concluye la especialista y miembro del consejo editorial de la revista Mundo Psique.
Las trampas se han convertido en algo común en la red según una encuesta realizada por la empresa Benenson Strategy Group con mil 13 estudiantes de 14 años señala que el 52 por ciento de los jóvenes admitieron que alguna vez hicieron trampas por Internet.
Más de la tercera parte de los jóvenes con teléfonos celulares admitieron haber enviado textos a los amigos para conseguir las respuestas o buscando en Internet durante los exámenes.
Para colmo, en lo que concierne a los padres, más el 75 por ciento de ellos afirmó estar consciente de que el hacer trampas por Internet se daba en las escuelas a las que iban sus hijos, pero solamente el 3 por ciento creía que su hijo estaba involucrado.
Una de las soluciones para que este tipo de conductas no se salgan de las manos, sobre todo en los usuarios más jóvenes es la supervisión (no vigilancia) de los padres sobre el tipo de contenidos que ven sus hijos y sobre todo la forma en que los digieren.
Pero estudios como éste ilustran la brecha que existe entre la percepción y la realidad en lo que concierne a los padres y cómo ven el uso que sus hijos hacen de la tecnología.





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